Por: Iliana Velarde Mascorro
Fotos: Luis Miguel Hernández Cabrales

Hablar de Tampico, es hablar de la carne asada a la tampiqueña; creada por los hermanos Loredo.
En palabras de Claudio Loredo Soto, tercera generación de chefs en la familia, presentamos en las siguientes líneas el cómo un platillo se convierte en historia.
Los Loredo, oriundos de San Luis Potosí, arriban a la ciudad de Tampico por invitación del chef Rocabruna, padrino del primogénito de la familia, José Inés Loredo. La señora Albina Loredo, toma la decisión de migrar a Tampico a principios del siglo XX, ciudad que se encontraban en un acelerado desarrollo por ser el centro de la actividad petrolera del país atrayendo capitales extranjeros y generando un gran movimiento de mercancías a través de su puerto. Doña Albina, quien recién había enviudado estaba a cargo de sus tres hijos, llevando uno más en camino en aquel trascendental momento de sus vidas que derivó, años después, en la creación de lo que es un símbolo de la Ciudad y de la gastronomía mexicana.

 


 
 

José Inés Loredo, figura paterna de la familia, en 1918 comienza su desarrollo en la gastronomía, de la mano del Chef Rocabruna en diferentes puntos de la urbe tampiqueña; entre tantas, una de las cocinas que lo desarrolló fue la del distinguido restaurante Bistro Tampico, catalogado, en esa época, como uno de los mejores del país.

El liderazgo que caracterizó a José Inés, conocido por sus amigos como Fifí por sus exagerados modales y su solemnidad, lo llevó a ocupar el cargo de Presidente Municipal de Tampico en los años treintas, pero su pasión por la cocina lo lleva a combinar el más alto cargo público de la Ciudad, con el oficio de sus amores que descubriera desde pequeño. Entre anécdotas, se cuenta que atendió a destacados empresarios asiáticos por la mañana en el Palacio Municipal y por la tarde-noche llevaba los platos a su mesa en donde los inversionistas se vieron sorprendidos ante su polifacética figura.

Poco a poco los hermanos de José Inés comienzan a labrar camino dentro de la cocina tampiqueña y así transcurren los años cuarentas, cuando emigran a la Gran Ciudad, la Ciudad de México, con el fin de conquistar el paladar de la capital del país.


Así abre sus puertas el mítico Tampico Club, enclavado en la Zona Centro de la Ciudad, (Balderas y Juárez) cerca de los teatros y cabarets más famosos de la época, dando servicio las 24 horas ofreciendo platillos de carnes, pescados, mariscos, siendo su materia prima enviada desde el Puerto, transformados sobre las mesas en platillos para los bon vivants de la época.

En el menú del Tampico Club se encontraba el almuerzo huasteco, platillo típico de la zona, orientado sobre todo para “sobrevivir” a una noche de fiesta, el cual pronto se colocaría dentro del gusto del comensal.

Con la fuerza que el Tampico Club tomaba, a la par se mudan a la Zona Rosa, entre las colonias Juárez y Roma, donde encuentran un local (antes el Café Tacuba) y comienza la historia del primer Loredo 10 ubicado en Hamburgo, entre Dinamarca y Nápoles, un lugar con ambientación colonial que ve nacer el desarrollo de un nuevo concepto de comida mexicana, en donde en palabras de los Loredo “se vestía de domingo a la cocina mexicana”.

Surge así un menú lleno de historias mexicanas, entre albóndigas en chipotle, moles y otro tipo de sofisticados salseos ancestrales, su carta se llena de platillos representativos de la República y de cada una de sus zonas y es ahí donde surge, como homenaje a la ciudad que los recibió con sus brazos abiertos brindándoles oportunidades, la carne asada a la tampiqueña, tomando como base el tradicional almuerzo huasteco.

Representando con sus ingredientes, cual pintor que toma un lienzo y sus acuarelas, lo más característico de Tampico: el queso blanco , representando la pureza de su gente; el corte de filete en medio del plato, representando el Río Pánuco; los frijoles, con el color que denota el característico petróleo de esta zona; las enchiladas verdes se convertirían en la representación de la vegetación de nuestra tierra; el aguacate a su vez era el estandarte de los frutos, elemento que implicaba un hito en la historia personal de la familia Loredo en su arribo a Tampico -cuando la situación económica solo permitía a doña Albina alimentar a su familia con tortillas y aguacate-; y por último se incorporan las rajas poblanas, como representación nacional de lo barroco y tradicional de la cocina mexicana, reconociendo como punto focal de nuestra cocina nacional al estado de Puebla.

A decir del heredero de la tradición Loredo, el plato no tiene mucha técnica culinaria, pero su éxito radica en la interpretación de sus elementos y en el maridaje entre ellos.

1966 es un año destacable en la carrera de los Loredo, con el platillo tampiqueño se presentan en una destacada Feria Internacional Gastronómica, que catapulta a sus creadores a la fama mundial que décadas después continúa trascendiendo encontrando este plato en menús de restaurantes de todos los continentes.

 

 
Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos (textos e imágenes) de
esta página web sin el previo y expreso consentimiento por escrito del autor.    Aviso de Privacidad